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Salinas do Samouco

La sal es una de las sustancias más simples - cloruro de sodio - pero una de las más determinantes en la historia de la humanidad. Fue moneda de cambio, motivo de guerras, rutas comerciales, rituales religiosos.

Entre la costa atlántica, el clima templado y las zonas húmedas, la producción de sal en Portugal nos transporta de la Antigüedad a los Descubrimientos, cuando alcanzó su expansión. Se usaba la sal para conservar el mundo.


Con la industrialización la producción disminuyó. Pero hoy está regresando. Con otro valor - tradicional y sostenible.

En el estuario del Tajo, las Salinas do Samouco fueron en otro tiempo las mayores productoras del país. Hoy, resiste la Marinha do Canto. Aquí la sal sigue naciendo - gruesa, trazada o en Flor de Sal.




Todo empieza en marzo. Se limpian los tanques. Se repara el tablado que los delimita. Después se preparan las aguas.

En junio, la primera cosecha de sal se extrae con el rastrillo. Como dicta la tradición.
La sal se rasca, formando pequeños montículos cónicos. Y se deja secar, respetando su tiempo, hasta ser llevada a la sierra de sal para terminar el secado.



En la casa de la sal se realiza el ensacado. Hasta mediados de septiembre.

En la Marinha do Canto de las Salinas do Samouco hay un saber que resiste. Es legado de la historia y la cultura de los habitantes de Alcochete. Que la Fundación para la Protección y Gestión Ambiental de las Salinas do Samouco preserva.





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