Fue el Algarve quien lo vio nacer y crecer. Isidoro Ramos es natural de Paderne, una freguesia del concejo de Albufeira. Con su abuela y su madre aprendió, de niño, a trabajar el esparto - una planta autóctona que crece en las sierras del interior algarvío y en el Alentejo.

Por su resistencia, el esparto se usaba para dar vida a objetos del día a día y del trabajo: cestos para colgar en el burro e ir al mercado, para guardar alimentos. Serones. Alfombras. La abuela de Isidoro los hacía todos y los vendía en los mercados que se celebraban en las poblaciones vecinas. Los de su madre se quedaban en casa y servían para las tareas domésticas.
La vida pasó e Isidoro Ramos eligió una compañía telefónica para trabajar. Pero las manos de su abuela y de su madre trabajando el esparto quedaron en su memoria y un día volvieron. A su vida.
Cuando se jubiló, no dudó. Dejó los teléfonos de lado y volvió al campo que lo vio crecer. Hoy es uno de los pocos artesanos en Portugal que aún recolecta el esparto en las sierras del interior algarvío - y comparte ese saber en talleres, centros de arte y en residencias artísticas. Sabe, sin embargo, que el esparto exige paciencia. Que nada se hace en poco tiempo y que hay que aprender a esperar.
La recogida se hace de julio a septiembre, pero es de abril a mayo cuando el esparto brota y crece. Mientras saluda en los campos a quien lo espera.

El esparto no se corta ni se recolecta. Se arranca. Hay que tener fuerza. A continuación, se deja al sol para secar y coger bronce - un dorado bonito. Cuando está listo, se pone a remojo para recuperar flexibilidad y quedar listo para ser trabajado.
Es entonces cuando Isidoro se sienta y se dedica a su arte. Como su abuela. Como su madre. En las mismas sierras del Algarve que lo vieron crecer.
Fotografía por Jorge Graça
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