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Bailha

El legado es de otros tiempos. Cuando los primeros pobladores llegaron a la Isla en el siglo XV. Y las mujeres nobles y las religiosas iniciaron el arte del Bordado de Madeira - aquel que llegaría a convertirse en una de las mayores actividades de la isla, en el siglo XIX.

Inspirado en las flores de la Isla, el Bordado de Madeira es lenguaje, paisaje, herencia. El dibujo, el picado, el estampado, el bordado. Después el recorte de las piezas, que se lavan y almidonan.


Es aquí, entre la tradición y la reinvención, donde nace Bailha. David Oliveira, de Estreito de Câmara de Lobos, es el joven fundador de este proyecto. Creció viendo a su madre y a su abuela bordar. Se formó en arquitectura, en Oslo, pero fueron los paños, las agujas, la flora y los frutos de su Isla los que le hablaron al corazón.



Hoy él diseña los bordados y lidera el equipo de bordadoras de este proyecto - Sara de Sousa, Helena da Silva y Dorina Pita. Son ellas las guardianas de las técnicas raras, aprendidas en casa y perfeccionadas a lo largo de décadas.

Las piezas de Bailha se bordan a mano. Una a una. Con las mismas técnicas del siglo XIX, el mismo rigor y perfección. Pero David Oliveira sabe que el pasado no es intocable. Y por eso quiere poner el "Bordado de Madeira en movimiento" - a través de materiales naturales, sostenibles y nuevos diseños.
En Bailha el Bordado de Madeira renace. Con la misma delicadeza, el mismo tiempo y las manos de las artesanas. Para ser usado, vestido, vivido.




Bailha

Cuando el futuro se borda con el arte del pasado.
En Bailha, el Bordado de Madeira renace en cada pieza. Con las manos de quien aprendió la tradición y el saber de quien sabe reinventarla.

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Isidoro Ramos

El esparto no se corta. Se arranca.
Isidoro Ramos volvió al campo que lo vio crecer. Y recuperó la tradición que las manos de su abuela y de su madre le enseñaron. Para que el esparto algarvío no desaparezca de las sierras donde aún crece.

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Salinas do Samouco

En la Marinha do Canto, el saber no caduca. Igual que la sal.
En el estuario del Tajo, las Salinas do Samouco fueron en su día las mayores productoras del país. Hoy resiste la Marinha do Canto, donde la sal, terca, se quedó.

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