Nacido en 1969, en Barcelos, António Ramalho creció con barro bajo las uñas y, con apenas 8 años, vendió un pequeño caballo de barro que había hecho a un turista español. Hijo de Júlia Ramalho y bisnieto de Rosa Ramalho - dos de los nombres más icónicos de la historia de la cerámica portuguesa - António aprendió a esculpir como quien aprende un oficio de familia.

Los años que pasó en Inglaterra y Francia le dieron perspectiva, pero fue en 2004 cuando regresó a casa para dar continuidad a la tradición familiar - no para repetirla, sino para reinventarla. Un equilibrio entre honrar el legado y encontrar su propia voz.


El trabajo de António es imaginativo y expresivo. Mezcla formas heredadas, figuras tradicionales de barro de Barcelos y un peculiar elenco de criaturas surrealistas revestidas de una textura vítrea, de color verde - una de sus señas de autor. Sus piezas ya se han expuesto desde el Museo de la Sé de Braga hasta galerías contemporáneas como la RAMPa, en Oporto, donde ha colaborado con artistas más jóvenes.

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